El punto de venta para tu cafetería: mostrador rápido para el take-away, plano de mesas para los que se quedan, y la comanda que sale en la barra (impresa o en monitor) con las notas del cliente. Funciona offline y se paga una sola vez: no hay abono.
A la mañana sos un mostrador: café, medialunas, cobrás y siguiente. Al mediodía sos un salón: la mesa del fondo lleva una hora, pidió dos veces y va a pagar con dos tarjetas. La mayoría de los sistemas para cafeterías resuelven una sola de esas dos caras.
Si venís de una caja registradora común (o de la libretita), el problema es el salón: no hay forma prolija de llevar la cuenta de la mesa que pide un flat white a las 10:00, un tostado a las 10:40 y un brownie a las 11:15. Se anota en un papel, el papel se traspapela y la cuenta final es una negociación. Si venís de un sistema gastronómico grande, el problema es el mostrador: cobrar un café no puede llevar cuatro pantallas, un modal y elegir mozo, mesa y comensales — la fila crece mientras el sistema pregunta cosas.
DASHBOX Gastro tiene las dos velocidades. La pestaña Caja es el mostrador puro: tocás el producto, cobrás, ticket, siguiente — con atajos de teclado y montos rápidos para el efectivo. La pestaña Mesas es el salón: un plano con tus mesas donde cada una acumula su cuenta abierta, con cada consumo guardado en el momento en que se carga. Y las dos caras terminan en la misma caja, el mismo cierre Z y las mismas métricas.
Para lo que se prepara —tostados, licuados, la cocina del brunch— está la comanda: el botón “A preparar” manda los ítems nuevos a la barra o a la cocina, impresos en una térmica o en un monitor con los pedidos ordenados por tiempo de espera. Las notas del cliente viajan con el pedido: “sin azúcar”, “lactonesa aparte”, “bien caliente”. Cuando el pedido sale, un toque lo marca como entregado y desaparece del monitor.
¿Y el que pide para llevar mientras el local está lleno? Se carga con nombre y teléfono, vive en su propia tira debajo del plano, y cuando la barra lo termina lo llamás por el nombre. Nada de vasitos anónimos enfriándose en la barra.
Del espresso del mostrador a la mesa del brunch que paga dividido.
Tocás, cobrás, siguiente. Atajos de teclado, montos rápidos de efectivo con el vuelto gigante en pantalla, y ticket térmico opcional (a veces el cliente no lo quiere).
El plano de tu salón real. Cada mesa muestra si está libre, cuánto lleva consumido y si pidió la cuenta (se pinta de ámbar). El consumo se guarda al instante.
“A preparar” manda sólo lo nuevo, impreso o al monitor, con las notas del cliente. La barra nunca prepara dos veces lo mismo ni se pierde un agregado.
El take-away se carga con nombre y teléfono. Cuando está listo, llamás al cliente por su nombre — y si es delivery, el ticket de la bolsa sale con la dirección en grande.
Las amigas del brunch pagan cada una lo suyo, con métodos distintos, y la cuenta cierra exacta. La propina queda registrada aparte — es del que atiende, no de la caja.
A qué hora se llena, qué producto rinde más, cuánto dejó el salón contra el mostrador y el take-away, y cuántas vueltas dio cada mesa. Sin planillas.
Pantallas reales del sistema, no maquetas. Tema oscuro de alto contraste para leer de un vistazo con el local lleno.
Tu salón de un vistazo: las mesas verdes están consumiendo (con el total a la vista), la ámbar pidió la cuenta y abajo esperan los para llevar con nombre. Arriba, cuánta plata hay sentada en el salón.
Cada ítem muestra su estado: “en cocina” mientras se prepara, “✓ salió” cuando se entregó. Las notas en ámbar (“sin cebolla”, “bien fría”) viajan con la comanda a la barra.
La barra ve los pedidos por orden de llegada con el semáforo de espera: el tostado de la mesa 4 no se pasa de los 10 minutos sin que alguien lo note. Es un monitor enchufado a la misma PC — sin red ni servidores.
De la primera medialuna al cierre de caja del mediodía.
Abrís el turno con el fondo de caja. Todo lo que pase hasta el cierre queda atado a ese turno: ventas, mesas, take-away.
Café + medialunas, efectivo, el vuelto en gigante en la pantalla. ¿Ticket? Sólo si lo piden — papel que no se tira. Siguiente.
La mesa 3 pide el desayuno completo; tocás sus productos y “A preparar”: el tostado sale en la pantalla de la barra con su nota (“sin jamón”). El flat white de después se suma a la misma cuenta.
Tres para llevar con nombre esperan en su tira. La barra los ve ordenados por espera; el que se pasa de tiempo se pinta de ámbar. “¡Sofi, tu pedido!”
Cuatro amigas, una cuenta: cada una paga lo suyo — dos con débito, una QR, una efectivo. Las partes suman exacto o no se cobra. Propina 10% para la moza, registrada aparte.
El sistema no cierra con mesas abiertas (una cuenta olvidada es plata perdida). Cerradas todas: cierre Z con el efectivo esperado, el desglose por método y las propinas aparte.
Lo que suele haber en el mostrador de una cafetería, comparado en serio.
| Caja registradora común | Sistemas de abono mensual (nube) | DASHBOX Gastro | |
|---|---|---|---|
| Mesas con cuenta abierta | No existe (libretita) | Sí | Sí, guardada al instante |
| Comanda a la barra | A los gritos | Sí, si pagás el módulo | Impresa y/o monitor, incluida |
| Si se corta internet | Sigue | No cobrás | Sigue todo igual |
| Velocidad en el mostrador | Rápida pero ciega | Depende del plan y la conexión | Tres toques, con métricas |
| División de cuenta | Calculadora | Según el plan | Incluida, con propina aparte |
| Factura electrónica ARCA | No | Módulo aparte, a veces | Opcional, $20.000/mes |
| Qué sabés a fin de mes | Nada | Reportes en la nube | Métricas locales: horas pico, top productos, canales |
Cinco preguntas que conviene hacer antes de decidir — a nosotros o a cualquiera.
La cafetería vive del pico de la mañana. Pedile al vendedor que te muestre cuántos toques lleva cobrar “un café con leche y dos medialunas, en efectivo, con vuelto de $10.000”. Si la respuesta incluye elegir mozo, mesa, comensales y confirmar dos veces, ese sistema fue pensado para un restaurante con menú de pasos, no para tu mostrador. En DASHBOX Gastro esa venta son tres toques y el vuelto aparece en números gigantes.
La otra mitad del negocio es el que se sienta. Preguntá dónde vive la cuenta de la mesa: si vive en la memoria del mozo o en un papel, ya sabés cómo termina. La cuenta abierta tiene que guardarse en el momento —cada café que se agrega— y sobrevivir a un corte de luz. Es la diferencia entre “creo que eran dos cortados” y un número exacto.
Con poco volumen, cantar el pedido alcanza. El primer sábado lleno, no. La comanda —impresa en la barra o en un monitor con los pedidos por orden de espera— hace que nadie tenga que acordarse de nada. Un detalle que separa a los sistemas buenos: que al agregar ítems a una mesa ya comandada, sólo viaje lo nuevo. Si la barra recibe toda la cuenta de nuevo, van a preparar dos veces el tostado.
Los sistemas de cafetería más publicitados son web: viven en la nube y respiran por el wifi. El día que el barrio se queda sin conexión —o tu proveedor decide actualizar un domingo— no cobrás. Un sistema offline-first guarda todo en tu computadora y no necesita internet para nada del día a día. Preguntalo explícitamente: “¿puedo cobrar sin internet?”.
El primer año siempre tiene descuento. Pedí el precio de lista del mes 13, sumale los módulos que hoy parecen opcionales (comandas, facturación, reportes) y multiplicá por los años que pensás tener el café. Contra ese número, compará un pago único. La cuenta la hicimos arriba: en dos años, un abono típico compra casi seis veces nuestro programa.
Una computadora en la caja, un monitor opcional en la barra. Sin red y sin servidores: todo pasa en tu mostrador.
Mostrador rápido + salón con cuentas abiertas + barra con comandas. El combo exacto.
La venta de mostrador de siempre y las mesitas del café, en el mismo cierre de caja.
Cuentas largas, notas por plato, cuentas divididas entre amigas y propina para el equipo.
Probás DASHBOX Gastro con todo en tu cafetería y, si te convence, lo pagás una sola vez, con actualizaciones y soporte los 365 días.
Precio en pesos, por local. Corre en Windows en la computadora de la caja; el monitor de barra es opcional y va a la misma PC. Te lo dejamos instalado y andando, con la carta cargada. ¿Tenés un restaurante? Mirá el sistema de comanda para restaurantes.
Con la compu del mostrador y una térmica ya estás operando.
Una PC con Windows en la caja (una máquina modesta alcanza: el programa está pensado para las compus reales de los comercios) y, si querés dar ticket, una impresora térmica de 58mm — la más común del mercado. Con eso ya cobrás mostrador y manejás mesas.
Dos opciones que pueden convivir: una segunda térmica en la barra para la comanda impresa, o un monitor cualquiera (HDMI, no hace falta táctil) con la pantalla de pedidos ordenados por espera. En cafeterías chicas el monitor suele alcanzar; si la cocina está separada del mostrador, la comanda impresa es más cómoda.
Nos pasás tu carta (aunque sea una foto del pizarrón) y la dejamos cargada con categorías y precios. La instalación es remota y guiada: programa andando, impresora probada y una llamada para ver el circuito completo. Lo dejamos andando con tu operación real.
Empezá un martes, no un sábado: dos o tres días de uso tranquilo alcanzan para que el equipo tome ritmo, y el primer fin de semana fuerte ya lo agarrás con el sistema dominado. El flujo de mostrador se aprende en minutos — es tocar y cobrar — y el de mesas, en una tarde.
Los términos que vas a escuchar cuando compares sistemas para tu café.
Es la orden que viaja del salón a la barra o cocina: qué preparar, para qué mesa, con qué observaciones. En papel es el talonario autocopiativo de toda la vida; en digital, sale impresa en una térmica o aparece en un monitor. La regla de oro de un buen sistema: cada comanda lleva sólo lo nuevo — nunca repite lo que ya se preparó.
El arqueo del final del turno: cuánto se vendió, con qué métodos de pago, y cuánto efectivo tiene que haber en la caja. En DASHBOX Gastro el cierre es a ciegas cuando lo hace un empleado: cuenta el efectivo sin saber el número esperado, y el sistema dice si dio bien. Es la herramienta anti-diferencias más simple que existe.
Significa que el programa vive en tu computadora y no en un servidor ajeno: la caja, las mesas y las comandas funcionan igual sin internet, y tus datos quedan en tu máquina con backup automático diario. La conexión queda para lo opcional — como el dashboard en la nube para mirar las ventas de lejos.
No hace falta un analista: hacen falta cuatro números, todos los días.
El gráfico de ventas por hora te muestra el pico real —no el que creés que tenés—. Con ese dato decidís refuerzos de personal, horarios de horneado y hasta el horario de apertura. Más de un café descubrió con esto que abría una hora tarde.
El top de productos por plata (no por cantidad) suele dar sorpresas: el tostado especial que "sale poco" a veces deja más que las medialunas heroicas. Con el ranking real, la carta se poda y se destaca con criterio.
DASHBOX Gastro separa cada venta por canal: salón, mostrador, para llevar, delivery. Si el para llevar crece, quizás convenga una ventana a la calle; si el salón manda, quizás una mesa más. Decisiones de plata con datos de plata.
La rotación de mesas —cuánto dura una ocupación y cuántas veces se usa cada mesa por día— es la métrica de oro de un café con salón chico: la plata no está en subir precios sino en que la mesa 4 se use tres veces en la mañana. El sistema la calcula solo, con datos reales de tus cuentas cobradas.
Probá DASHBOX Gastro en tu cafetería, con tu carta cargada. Te lo dejamos instalado y andando.